20210919, la isla bonita: Cumbre Vieja, La Palma

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Han sepultado mi vida.

No es que me haya muerto, es que he perdido todo por la erupción del volcán Cumbre Vieja de La Palma. He perdido mi casa, mis recuerdos, mis cosas y lo que creía necesario para seguir viviendo. Todo se ha destruido al paso de la colada que discurre por la ladera del volcán. Inexorable.

M. Yolanda R. Herranz.

La lava camina al ritmo del paso humano para que me dé cuenta de que la Naturaleza, de la que siempre he recibido su protección, ahora me quita lo que poseo; a nuestro paso, lento y tranquilo, pero sin cansancio, ni tregua. Destruye sin intención y sin voluntad. Pero lo hace; me extirpa la vida que he construido dentro de cuatro paredes. Tal vez me adelanta lo es que la muerte; dejar lo material en la tierra y ocuparme de mi interior. Porque lo que perdurará será mi capacidad de dar y enseñar. De proteger y de ser solidario, sólo ahí reside mi continuidad como ser humano y no en las cosas que acumulo creyendo que es mi vida.

Mi esencia está dentro de mí y en cada uno de nosotros. La perdida material es grande y me abruma. No sé qué voy a hacer mañana. No sé qué podré recuperar de mi casa calcinada. Qué recuerdos se esconderán debajo de la lava caliente. Tal vez mi memoria lo tenga que volver a construir, como mi casa. Como mi vida.

Tal vez me adelanta lo es que la muerte; dejar lo material en la tierra y ocuparme de mi interior

Pensaba que el haberme separado de Daida, era lo peor que había pasado en la vida y me hundí en lo más profundo de mí mismo. Por lo menos ella no está viviendo de cerca cómo cae nuestra casa bajo de la lengua del volcán, saboreando todo cuanto se le cruza en su camino. En realidad, sólo me estoy quedando sin mi mitad. La otra mitad se la llevó Daida consigo. Pero la casa. La casa es de los dos. Lo fue. Mía y de esa palmera que cautivó mi presente, con la que imaginé y formamos un futuro juntos, que ahora es pasado. Y, lo poco que quedaba de ese pasado, se ha calcinado bajo la espesa capa candente.

Mi teléfono suena. Lo cojo.

  • Airam, ¿cómo estás? La voz de Daida suena a preocupación y es tan cercana, que nadie sospecharía que está en las antípodas de La Palma.
  • Bien, abatido, pero con confianza.
  • Nunca hubiera imaginado que nuestra casa acabaría bajo las cenizas de nuestro volcán.
  • Vivíamos en riesgo, Daida. Nuestra casa se asentaba al cobijo de una caldera.

No hubo más que decir. Nos despedimos.

como se recuerda lo que se ha perdido, pero con ganas de construir

En mi cabeza queda el dolor de la desgracia. Veo con desolación los Llanos de Aridana, el colegio de Todoque donde impartía mis clases, El Paso, El Paraíso. A mis vecinos, que como a mí, el volcán nos los ha quitado todo. Nuestras vidas han quedado sepultadas bajo el manto caliente del magma.

Con tristeza y esperanza, como se recuerda lo que se ha perdido, pero con ganas de construir, vuelvo al futuro inmediato que tengo por delante: reagrupar a los estudiantes del colegio de Todoque y seguir con la enseñanza, bajo el cariño y solidaridad del pueblo canario y por extensión del de la península.

Sé que el sentimiento de la pérdida, en adelante, nos va a afectar el futuro. Ya nada volverá a ser lo mismo. Hasta mi querida Isla Bonita cambiará su relieve.

M. Yolanda R. Herranz @MyolRh

Con todo mi cariño para las personas que han perdido sus casas, sus tierras y su existencia, en la erupción del volcán.

Más abajo dejo número de cuenta, facilitado por nuestro municipio, para que hagan aportaciones solidarias para los palmeros. 

Estamos a vuestro lado.

 

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Daida: Princesa de la isla de La Palma.

Airam: significa libertad y es el nombre de un príncipe guanche originario de la isla de La Palma.

 

 

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